Seducción

Sin querer,
configuró sus
armas

Eran sutiles,  casi
invisibles, pero
la furtiva cacería
surtía efecto
y su ego se
masturbaba
soñando
con las
prisioneras
de guerra

Cuando
lo notó,
liberó
a todos
los rehenes y
destruyó
su armamento
para volver
a ser
íntimamente
el