5.8.09

El hijo pródigo

Corazón y responsabilidad empresaria

¿Cuál es el asiento del alma humana? ¿Dónde se encuentra el espíritu en tanto hay vida? Aún hoy muchos sabios y religiosos sostienen que el espíritu de todo ser insufla su soplo de vida desde la sangre, basándose en la orden divina dada al pueblo de Israel y a toda la humanidad: "Toda cosa que se mueva te será por alimento; así como la yerba, yo te he dado todo. Pero la carne con su alma viviente, su sangre, no comerás" (Génesis 9:3-4). Y al mismo tiempo corre esta otra pregunta: ¿es acaso por esto mismo que los antiguos creían que el centro de las emociones estaba alojado en el corazón? La ciencia ha determinado que en realidad las emociones parten del sistema límbico, el cerebro medio, pero no hay ninguna duda de que el órgano que mayor recepción tiene de ellas es el corazón. Por eso nadie se extraña que ante un sentimiento aciago se produzca en algunos casos una descompensación cardíaca o hasta un infarto. La poesía ha ligado siempre el sentimiento al corazón, esto es harto conocido. A través de todos los tiempos la humanidad inmortalizó frases tales como: "es una persona de buen corazón" o bien: "no tiene corazón". Hasta en la misma Biblia se habla de "los hombres que endurecieron su corazón". Son metáforas, claro está, que denotan más o menos sensibilidad, o ninguna, ante la necesaria aplicación de una ley que haga la vida más apacible y justa para todos. Nadie sabe (a no ser por vía de la fe) dónde se encuentra alojada, en tanto hay vida temporal o terrena, el alma humana. Y nadie puede saber tampoco si el corazón tiene algún centro donde se alojan "las emociones del alma", si tales sentimientos de carácter espiritual o metafísicos se relacionan con los que parten desde el cerebro y si interactúan, como afirmaron algunos sabios hace milenios.
Lo que sí parece quedar claro es que hay seres humanos que se sensibilizan ante el dolor de las demás criaturas y tiende a actuar en consecuencia, y hay quienes permanecen impasibles. Esto últimos son los llamados "duros de corazón", esos que al final de la historia están destinados a desaparecer de la vida mortal e inmortal. A menudo suele pensarse, y con mucha razón, que si alguien desea encontrar a uno de estos seres de corazón de piedra, no tiene más que recorrer el mundo de la política y encontrará aquellos más duros que el diamante, pero en las antípodas, en cuanto a valor y belleza, de la venerada gema. Pero esta apreciación primera es de verdad relativa, porque dureza de corazón y ruindad de espíritu hay también en otros ámbitos, por ejemplo en el ámbito empresarial o de los negocios, en donde con frecuencia el ser humano que aporta su mano para la obra, es considerado no más que una herramienta descartable. Y en ocasiones ojalá lo fuera, porque sienten, como dijo el poeta: …no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, / ni mayor pesadumbre que la vida consciente"
En efecto, porque muchos seres humanos, hombres, mujeres, jóvenes, adultos, adultos mayores, niños, en razón de la dureza del corazón de ciertos capitalistas (incluso socialistas o progresistas devenidos burgueses, verdaderos hipócritas que suelen hacer política bastarda levantando muy parcialmente la bandera de los derechos humanos), pagan el doble precio que resulta de ser considerados objetos, pero sentir como criaturas.
Moverse. Mas como en toda generación hay 36 justos (número figurativo que dan los sabios) que están en todos los ámbitos y soportan, sostienen, con su trabajo a la creación, el hombre común, ese que siente, que es imagen de Dios, pero que otros hombres han rebajado a la apariencia de mero objeto, puede tener esperanzas. Así, pues, como se dice que hay capitalistas, empresarios despiadados, así como es dable encontrar un progresismo descomedido, burgués y enriquecido (mientras sus propios seguidores mueren de hambre), están también los otros, los que ven en el ser humano precisamente lo que es.
Tibiamente, pero de manera alentadora, se van formando en el mundo redes de empresas con fines sociales; es la llamada responsabilidad social empresaria. En muchos países se están gestando instituciones que nuclean a empresas que han comprendido que el negocio no termina con la renta o la utilidad, sino que va más allá, porque todo empresa, al fin, termina fracasando en una sociedad fracasada. Salvo, claro está, que no se trate de una empresa, sino de un holding perverso cuya renta esté basada en el exterminio de la mano de obra, de las pequeñas y medianas empresas, del medio ambiente y en definitiva de la vida digna para todos (los hay).
Y así como en el mundo y en el país ha comenzado a florecer la responsabilidad social empresaria, así también sucede en la provincia de Santa Fe. Varias empresas, algunas de renombre nacional e internacional que no necesitan de publicidad, se han integrado alrededor de la entidad llamada Moverse que preside un joven empresario rosarino, Federico Seineldín, a quien acompañan otros hombres de negocios interesados en el perfil social que debe tener la empresa.
Es dable y oportuno, habida cuenta de la crisis de todo tipo que afecta a la humanidad, destacar el perfil de esta institución que sostiene, por ejemplo que "cada vez más, la legitimidad de una empresa está dada por la capacidad de trascender sus propios límites y comprometerse profunda y creativamente en la construcción del bien común, es decir, con el común desarrollo de las personas".
¿Qué es lo que procuran las empresas que se agrupan en Moverse? Propone la institución: "Comprender de forma progresiva el concepto de cultura socialmente responsable. Incorporar políticas y prácticas empresarias responsables. Relacionarse de manera ética y transparente con todos sus grupos de interés. Analizar el impacto de sus actividades en el medio en el que se encuentran. Contribuir al desarrollo sostenible de su comunidad. Alinearse en la búsqueda del bien común".
Un grupo de empresas cordobesas, por dar otro ejemplo, han encarado, junto al Estado, un importante trabajo en materia de mejora de la estructura educativa. Como bien dice la entidad santafesina que agrupa a empresas que han advertido la importancia estratégica de la responsabilidad social: "El camino hacia sociedades más justas e inclusivas es arduo y complejo, peros posible y necesario. Juntos podemos avanzar en la responsabilidad social empresaria".
En este contexto, y retornando al principio, podría decirse que es menester que el mundo empresario descubra su corazón y lo abra a los efectos de que el alma de tantos seres humanos, no importa donde resida, alcance esa paz que le fue dada en el principio. Se cumplirá, además (y aun cuando no sea ese el propósito) una ley del mercado maravillosa y que bien aplicada no falla jamás: "Dad y se os dará; una medida buena y apretada, remecida y rebosante se os volcará en el seno; porque con la medida con que medís se os medirá".