5.6.16

Yagenauta III



Esta vez era especial, la ceremonia la dirigiría el Taita Luis Alfonso Alegría y participarían de la ceremonia muchas personas, incluso mujeres embarazadas, niños y un bebé de ocho meses.

El abuelo viajó durante un día entero desde su Putumayo natal, trayendo collares poderosos, sus palabras dulces,su ambíl salado junto a su mambe de yarumo y coca.

Y su medicina sabía a chocolatina, todo era dulce..

Hacía frío, mucho frío .. Me senté y me escondí adentro de la manta gris que la noche anterior me había acompañado hasta la puertita del Temascal.

1era pinta:
Cerraba mis ojos y fluían ojos.. Ojos en primer plano, decenas de ojos
De formas variadas, que ni siquiera podía reconocer
Solo sabía que no eran humanos..
Pasaron minutos hasta que la planta me regaló la siguiente reflexión:
"Somos los ojos de los animales que no has comido y te estaremos agradecidos eternamente.."

Me convidaron una maraca de semillas y me metí en dos canciones, luego agradecí y pasé el instrumento a otra persona.

El abuelo regalo una segunda totuma de aguita fresca. Todos volvimos a tomar ..

La música y los tambores iban y venían como un enjambre de abejas invisibles que te entraban por los oídos, recorrían tu cuerpo con dulzura y salían por mis poros nuevamente a volar.

Comencé a charlar con Antonio al costado de la maloca, escuchando el ruido del agua y sus palabras sobre el copal, lo único y maravilloso de lo que estaba ocurriendo en ese preci(o)so espacio/tiempo familiar. El limpiaba con esmero sus instrumentos ceremoniales, mientras Sebastián no dejaba que se apague el fueguito. Le dije a Antonio que sentía venir otra pinta. Me dió unas palmaditas en el hombro y me dejó con mucho respeto solo, mirando los árboles.

2da pinta:
El follaje se movía como si fueran olas verdes (más allá del viento). La selva estaba respirando y yo podía verlo. Siempre pensé que las ramas y hojas de los árboles se mueven solo cuando hay viento, para pasar desapercibidos y que los humanos no nos asustemos y reaccionemos amenazados ante tanta energía.

La selva me envolvió y acarició; siendo parte

Y el gran espíritu me dijo, "Te propongo caminar un rato y aprender y conocer lo que todos saben.."
Me incorporé y comencé a caminar entre los árboles, mirando las flores y pájaros. Disfrutando de un estado de gracia que solo pocas veces había sentido, agradecido a los detalles y a lo perfecto de la vida. Es increíble como la naturaleza y la vida tiende hacia la virtud y lo hermoso.. una hoja, el viento que no se ve pero está, un escarabajo que busca a su hembra (aunque nadie lo tenga en cuenta), el olor a la tierra húmeda, el rayo de sol, el trino de los pájaros..

Al mirar una flor en su detalle, volvió a hablarme.
Me dijo, " Eso es rojo, el rojo que todos ven. Y esa parte es realmente verde, así se ve el verde." Y así comenzó a enseñarme como la mayoría percibía el mundo cromático. Todos programados para interpretar de igual manera ciertos patrones, yo con un bug de nacimiento, confundiendo sin querer algunos de esos patrones.
Me sentí muy feliz por sentir en mis ojos los colores como el resto de la manada humana lo hace todos los días, abrazado por el maestro que me mostraba que tal vez los colores eran distintos pero que tampoco me estaba perdiendo nada. Dejé de ser daltónico tal vez por unos 10 minutos, mientras repasábamos como maestro y aprendiz una lección práctica.

Volví a al fuego y me recosté feliz en el suelo mirando las montañas del horizonte.. escuchando las anécdotas de las selvas, de otras regiones que sentía tan propias y tan lejanas.

El ritual de cierre y limpieza del abuelo estaba por comenzar..

"Federico, todo ya está sucediendo", me dijo luego de un fuerte abrazo de despedida.